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    2019-05-15

    Una de las teorías más destacadas sobre el género lo emparenta con el proyecto que llevaron purchase abk cabo autores alemanes como Bertold Brecht o Walter Benjamin, quienes: Ana María Amar Sánchez, teórica que propone esta línea genealógica para explicar la creación testimonial del argentino Rodolfo Walsh, considera que el testimonio sigue los pasos de la literatura realista cultivada en Europa de los años treinta a los sesenta. Vinculada esta literatura al periodismo, las producciones resultantes tendrían elementos documentales, pero se alejarían del informe periodístico al trascender tales elementos, como sucede en la obra de Walsh, gracias a las técnicas literarias empleadas como el montaje y el collage; si se considera esta genealogía, la idea de que el testimonio es un género nuevo creado en Latinoamérica quedaría sin fundamento. Si bien es cierto que Walsh ha sido considerado como uno de los iniciadores de lo que se dio en llamar Nonfiction literature, que años más tarde cultivarían Truman Capote y Norman Mailer. Otro sector de la crítica latinoamericana procura buscar los orígenes del género en la historia cultural de Latinoamérica, en una operación que, desde la teoría del género antes expuesta en sus líneas generales, y desde el método arqueológico, puede verse como prototípica para poder forjar un canon y validar un corpus. Así, aquellos críticos que definen el género vinculado al devenir histórico del país, consideran el testimonio como la última expresión de: De esta forma, la diversidad del testimonio cultivado en suelo latinoamericano quedaría descrita a partir de una evolución que no trasciende las fronteras del continente, como sí ocurre en las genealogías comentadas anteriormente. La conceptualización del testimonio como género literario posibilita que la crítica literaria aplique el aparato conceptual empleado en el ámbito de la historia de la literatura, lo que no es óbice para cuestionar términos como el de “desarrollo” y “evolución”, de los que Michel Foucault destaca que: Siguiendo el gesto crítico tradicional, Gustavo V. García rastrea los antecedentes de los testimonios contemporáneos, siguiendo la “hipótesis de que los orígenes formales e ideológicos de la literatura testimonial se encuentran, en términos relativos, en algunos escritos de los cronistas de Indias”. Asimismo, Juan A. Epple, Lucía Invernizzi Santa Cruz y Pamela María Smorkaloff, como señala el propio García, también consideran que los textos coloniales pueden considerarse precedentes de la producción testimonial latinoamericana. De este modo, se analiza el Diario de Cristóbal Colón, porque en él se encuentra ya “la creación de un nuevo sujeto en un texto mediato por varios niveles”, aspecto que se repite en los testimonios más recientes de Centroamérica. De La brevísima relación de la destrucción de las Indias, de fray Bartolomé de las Casas, se subraya “la representación [que hace] de los ‘sin voz”’, considerada como una fórmula a mole la que vuelven los testimonios actuales. La obra de Bernal Díaz del Castillo, Historia verdadera de la conquista de la Nueva España, sentaría las bases del género en el sentido de que utiliza estrategias literarias para transmitir “lo verdadero”. Así, todos los aspectos que Mabel Moraña considera distintivos del testimonio contemporáneo pueden encontrarse prefigurados, según esta teoría historiográfica, en los textos de la época colonial. De aquí que la supuesta novedad del género quede puesta en entredicho una vez más. Parece ser que el valor que adquieren los testimonios actuales es mayor si se señalan como antecedentes obras ilustres, que han sido ya canonizadas y que pertenecen a la historia literaria y cultural del continente. A pesar de que se encuentren elementos comunes entre el testimonio actual y el colonial, como queda bien fundamentado en el estudio de Gustavo V. García, Nora Strejilevich señala una importante diferencia que “radica en que las crónicas surgen a menudo para justificar la empresa de conquista, mientras que el testimonio narra la rebeldía o la derrota de la resistencia. Los testimonialistas de América Latina son los sin voz, en muchos casos sobrevivientes de terrorismos atravesados por vivencias traumáticas colectivas”.